
Coincidiendo más o menos con el aniversario del estrepitoso derrumbe de la tapia de Berlín (cuyos escombros todavía trata de sacudirse la derecha, porque es a ellos a quienes se les ha caído encima), hemos conocido la noticia de una sentencia del Tribunal de Estrasburgo según la cual la presencia del crucifijo ataca el derecho fundamental a la libertad religiosa, y por tanto, han de retirarse. Enseguida de conocerse la sentencia tanto el PSOE como el PP han corrido más que el tío de la lista a manifestar su postura. El primero ya ha dicho que la tendrá muy en cuenta para elaborar la ley de libertad religiosa que está preparando el Gobierno, y el segundo, como suele hacer este PP rajoyesco-arriolesco-sorayesco, se ha puesto una vez más de perfil, diciendo simplemente que acata la sentencia.
Sobre este tema, como es natural, suelen desatarse pasiones, y dada la inquina que gastan los progresíes contra el crucifijo, se diría que todos son vampiros, porque se ponen igual que el gran Christopher Lee cuando interpretaba a Drácula en aquellas memorables películas en blanco y negro, dando alaridos y haciendo aspavientos cuando le acercaban una cruz.
Pero vamos a dejar de lado las pasiones y empecemos por el principio: un crucifijo en una escuela o edificio o lugar público, ¿vulnera el derecho a la libertad religiosa? Para responder a esta pregunta, primero hay que indagar cuál es el contenido de ese derecho. Se puede sostener, y así se enseña en las Facultades, que este derecho tiene una vertiente positiva, consistente en que cada uno puede profesar y manifestar públicamente su religión sin ser perseguido, zaherido, insultado, etc., por ello. A su vez, se dice que tiene una vertiente negativa, es decir, también entra en la libertad religiosa no sentirse o verse ofendido en las propias creencias por coerciones ajenas que impidan, dificulten o limiten la libre manifestación de lo que cada cual cree.
Dicho esto, ¿vulnera el derecho a la libertad religiosa un crucifijo en una escuela o edificio o lugar público?
Honradamente, una cree que no. La presencia del símbolo de una religión no ofende, no tiene por qué ofender a nadie, ni a los creyentes de otras religiones ni a los agnósticos y ateos. Personalmente, diré que soy católica, y nunca me siento ofendida cuando cada año en los telediarios de TVE (una televisión pública dependiente del Estado, pagada con impuestos, también de los católicos), se anuncia la fecha del comienzo del Ramadán. No me molesta, en absoluto, ni conozco a nadie que se haya quejado de eso. Y se trata de lo mismo: la presencia de símbolos (el Islam no tiene imágenes) de una religión concreta en un medio público. En el medio público por excelencia.
Y volviendo a otra cosa distinta, pero relacionada con todo esto. ¿Por qué los del PSOE son tan incoherentes? ¿Por qué dicen una cosa y hacen su contraria? Mañana 14 de Noviembre sale en Sevilla un Crucificado, en una procesión extraordinaria de la Hermandad de Montesión (que equivale a la del Huerto en Sanlúcar la mayor) para conmemorar que se fundó hace un chorro de siglos (mucho antes de que existieran los progresíes, y seguirá existiendo cuando la ideología progresí sea un polvoriento recuerdo histórico). Es posible que haya políticos y mandamases socialistas en esa procesión, porque realmente, es que no se pierden ni una. Todos bien agarrados a las varas de las presidencias en las procesiones, a la vez que quieren suprimir el Crucificado al cual acompañan en procesión. ¿Cuándo van a leerse en el diccionario el significado de la palabra coherencia?
Y por último, algo que sí es un ataque al derecho de libertad religiosa, porque ofende. Lo que hizo Carod Rovira, de ERC, en compañía de Pascual Maragall, del PSOE, en Jerusalén en 2005, burlándose de la Pasión de Cristo. Pueden verlo en la foto anexa.
Que ya hay que ser miserable y cobarde para burlarse de un hombre al que hace dos mil años torturaron de forma bárbara hasta matarlo los poderosos de su tiempo.
Publicado por colaborador Solúcar Magazine:Mon mothna