
He hallado este fin de semana un artículo que reproduzco íntegro por su interés y por mencionar un hecho sucedido a principios de Diciembre del que la prensa local sevillana apenas ha dado noticia (excepto en “el correo de Andalucía”, no la ví en portada de ningún otro periódico). El artículo en cuestión es extraido de la Web:
http://www.artesacro.org/:
“Resulta que en Sevilla ha tenido lugar un Congreso de Bandas que ha estado muy bien organizado y que ha sido todo un éxito. Creo que hay que aplaudir iniciativas como esta y apoyarlas en todo lo posible, por lo que significan para el realce de un tipo de música que forma parte de nuestro acervo cultural. Y resulta que el citado congreso se ha cerrado con un macro desfile de las bandas participantes, en el que cada una ha mostrado lo mejor de su repertorio, no sólo en la faceta procesional, sino en general, desfile que fue también muy vistoso y bien recibido.Hasta aquí todo muy bien. Y todo digno de elogio. El pero, al menos para mí, es que una de las bandas desfiló con la túnica de nazareno que, por lo visto, es su uniforme habitual. Además, presumió y por lo que se pudo escuchar, con toda la razón del mundo, que su repertorio no sólo incluía marchas procesionales sino música de otra temática. Vaya aquí por delante que mi comentario no va sobre la banda en cuestión, que cada uno es muy libre de, en su casa, vestirse como quiera y tocar lo que quiera. No, yo me voy a referir a aquéllos que, en Sevilla, han permitido esto.
Aquí, supongo que como en todos sitios, pero, repito, allá cada cual, la túnica tiene un significado muy especial. Tanto es así que, a nuestros seres queridos, los vestimos con ella para enterrarlos. Y su uso se restringe a la estación de penitencia, que también debería tener un sentido especial. Alguien debería habérselo hecho saber a los músicos. Diciembre, en Sevilla, no es época de túnica. Una indumentaria oscura, si no hay otro uniforme, hubiera ido también perfecta para acompañar a los magníficos sones con los que nos deleitaron. Si, ya sé, me van a hablar de la cortesía con los invitados, pero cuando tú invitas a alguien a tu casa, por lo menos le informas de las normas más elementales, ¿verdad?, de aquellas a las que tú no estás dispuesto a renunciar. Así, en el citado desfile, pudimos ver un batiburrillo curioso, donde los nazarenos se mezclaban con las majorettes (¿se escribe así?) y las marchas con los pasacalles y las óperas. ¿Les suena a algo conocido en nuestro entorno geográfico?
Todo esto, que no tiene más importancia que la que cada uno le quiera dar (y ahí radica el problema, que no se la damos), no es más que otra señal de la desnaturalización que está viviendo el mundo de la Semana Santa, donde mucha gente ya no sabe qué es lo que se hace, por qué se hace y cómo se debe hacer. Estamos perdiendo el norte y cambiando la esencia por una serie de ritos que por sí solos, carecen de significado. Lo chocante es el silencio que ha envuelto a este asunto. Resulta llamativo que los ortodoxos, guardianes de la bandera de “Sevilla, madre y maestra”, tan feroces para humillar a la hermandad de la Resurrección, para cerrar las puertas de la Catedral a los nuevos hermanos, para clamar porque Viernes de Dolores y Sábado de Pasión haya nazarenos en las calles sevillanas y para salvaguardarnos incluso de nosotros mismos (por equivocados), no hayan dicho nada. ¿Se acuerdan, cuando no hace mucho, pusieron el grito en el cielo porque el Párroco-Presidente de la Agrupación de Padre Pío les permitió salir de nazarenos sin ser todavía hermandad? Tuvo que intervenir hasta el Consejo General. Y ahora, ¿qué?
Pero peor es lo de la mayoría silenciosa. No es solución meter la cabeza debajo del ala y mirar para otro lado, diciendo que esto es cosa de frikis (¿se escribe así?) y que no tiene que ver con nosotros. Sí que tiene que ver. Ya se forman bullas importantes en las “mudás” de los pasos, ya se colapsa la marcha de una Cruz de Guía de una Hermandad de Gloria porque delante va una banda de renombre (mientras el paso, con una banda menos “importante”, pero con una Sagrada Imagen, va mucho más sólo) y ya se ven fotos de muchedumbres de espalda a los pasos pendientes de la banda que va detrás (con la inestimable colaboración de ésta, que, con la excusa de la gente, se “deja ir”). A este paso, ¿qué le vamos a transmitir a nuestros hijos de lo que es la Semana Santa?
En fin, lo de los nazarenos en diciembre no deja de ser una anécdota más, un escalón más en este proceso de desnaturalización de la Semana Santa que estamos permitiendo con nuestro silencio cómplice. Silencio que es interpretado como aceptación. No debemos seguir callados. Si no, pronto, cuando un actor famoso venga a Sevilla a rodar una película en diciembre, para “caernos bien”, vestirá a su hija de nazareno en vez de gitana (lo que también tiene delito, porque, que yo sepa, las mujeres sevillanas no se pasan el día vestidas de flamenca, ¿verdad?; sólo se ponen ese traje en los momentos oportunos). Y, ¿nos importará? “
Aquí tienen un enlace para ver un video del pasacalles de esa banda de Linares, vestidos de nazareno:
http://cofrades.pasionensevilla.tv/video/congreso-bandas-en-sevillaSuscribo lo que dice el autor de ese artículo. Es completamente cierto que desde hace bastantes años (más de diez, y más de quince) venimos asistiendo a un lamentable espectáculo de degradación y vulgarización de la Semana Santa, que se está convirtiendo –o sería mejor decir, la están convirtiendo- en un gigantesco pasacalles para rendir culto a los pulmones de trompetistas y los músculos de los costaleros. ¿Creen que exagero? Por citar algunos ejemplos, me viene ahora a la memoria hallarme esperando el Martes Santo del año pasado una determinada cofradía, y observé cómo delante de su cruz de guía se agolpaban decenas y decenas de personas andando hacia atrás, la mayoría muy jóvenes, con el teléfono móvil en ristre grabando la marcha que la banda tocaba. Por supuesto no verían la imagen del Señor, se pasarían así el día. Lo central, lo más importante, era la banda. Y, ¿cuántas veces hemos visto ya esas interminables “revirás” (¿se dice así?), que no acaban nunca, pesadísimas, hartibles, para lucimiento de los costaleros y del trompetista de turno? Por supuesto, la imagen del Señor en esos casos también es lo último, suele ir además bien camuflada entre plumas de romanos o frondosos olivos.
Este fenómeno no se encuentra desconectado de la desnaturalización de la Navidad, en su transformación en una mera fiesta consumista, -un antropólogo diría que se trata del resurgimiento de las saturnales paganas-. Le viene sucediendo hace tiempo a las más importantes celebraciones y festividades cristianas, hecho que a su vez está también relacionado con que la religión cristiana, para muchos, no es más que un aderezo costumbrista del que echar mano para ciertas ocasiones (bodas, bautizos, ir al Rocío, etc); pero no vuelven a pisar una iglesia en todo el año, y por supuesto, ponen como chupa de dómine a la Iglesia porque insiste en decir que el aborto es un crimen perverso.
Pero lo peor de lo que vengo diciendo en relación con la Semana Santa es que esa degradación, en ciertos casos, viene alimentada y favorecida por las mismas Juntas de gobierno de muchas hermandades, es decir, desde dentro de la propia Iglesia -porque las hermandades son Iglesia-. Son capaces de mover Roma con Santiago por un cambio de recorrido o por unos minutos de más o menos en la carrera oficial, pero incapaces (¿o será que no quieren?) de poner coto a este desmadrado culto a todo menos a sus imágenes titulares, que terminan así convertidas en el pretexto de un espectáculo cada vez más degradado, más vacío de emoción y más ayuno de auténtica devoción.
Publica Colaborador SM: Mon Mothma